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Suele escribirse que el bipartidismo no pasa por un buen momento. Los opinólogos de todos los ámbitos lo publican y lo comentan en televisión, pero esta música viene sonando desde hace mucho. Desde hace 30 años, en Cataluña concurren con total normalidad CiU, PSC, PPC, ERC, ICV y CUP y un montón de nuevos partidos de todos los colores (Piratas, Ciutadans, Antitaurinos, UPyD, PXC). Intento contar sólo dos y no lo consigo.

Cuando yo nací el PSC ya llevaba cuatro años gobernando en L’Hospitalet y trabajaba duramente en urdir la primera trama de tráfico de influencias de la época democrática en España. Imputado y condenado, Pujana fue el antecesor de Corbacho y éste el de Núria Marín.

Y desde entonces, en Cataluña ha habido 5 ó más partidos. Por ello, cuesta creer que los problemas al bipartidismo vengan de ahora. De hecho en el Congreso de los Diputados es habitual que los grandes partidos nacionales busquen apoyos en los PANEs de uno u otro color para sacar adelante su acción legislativa.

El escenario que se nos plantea ahora tampoco es muy novedoso. Los partidos pequeños intentan pescar donde los grandes, y prometen solucionarlo todo por el simple hecho de no haber gobernado nunca. Es como si se te estropea el coche y, como tu mecánico habitual es muy caro, lo llevas a alguien que nunca ha arreglado un coche. O como si, ante cualquier problema, contratásemos a quien no lo ha solucionado nunca en lugar de al que tiene la experiencia.

Ahora tenemos por delante un PSC en el Ayuntamiento “viejuno, triste y sin fuelle”. Incapaces de poner orden en la ciudad, incapaces de abrir los ojos y ver los problemas de los vecinos. Escondidos en su propia endogamia, en taparse las vergüenzas y más preocupados por evitar que se sepa cuántos imputados han tenido esta legislatura que por levantar L’Hospitalet.

Dicen que a río revuelto, ganancia de pescadores. Pero dudo mucho de la capacidad de solucionar los problemas de L’Hospitalet, de aquellos que después de estar toda la vida militando en el PSC, ahora se cambian de chaqueta y tienen, como única propuesta de marca, decir que son diferentes.